Por Alicia Prieto.

El cambio hacia la moda sustentable es lento, debe ser así porque hay tantos aspectos de la producción actual para corregir que es necesario emplear mucho tiempo si se apuesta a un cambio real.

Se calcula que recién para el 2035, se alcanzaran metas de cambio que puedan tener un impacto positivo en toda la cadena de valor de las prendas que vestimos.

Algunos de esos objetivos son alcanzables en el mediano plazo, como mejorar el ambiente natural y las condiciones laborales en los trabajadores. Por ahora, están muy lejos de alcanzar niveles aceptables. 

La fundación internacional WageIndicator, que opera alrededor de 80 países en todo el mundo, permite ingresar datos sobre salario y derechos laborales. En 2018, se diseñó una plataforma adecuada para que trabajadores de Indonesia, subieran sus datos y así poder comparar la realidad laboral de la industria textil en ese país. La transparencia de los datos es fundamental a la hora de considerar si una firma contrata trabajo en condiciones dignas o no. De esta forma se pueden obtener información directamente de los trabajadores sin tener que depender de la veracidad de los datos que recogen los inspectores, o de la voluntad de los empresarios locales. Las preguntas apuntan a si se les ofrece un contrato por escrito, si hay un día de descanso a la semana, si se pagan puntualmente los salarios o se contratan menores de 15 años. Como resultado de las encuestas, se lograron en un año que 5300 trabajadores de 94 fábricas ingresaran datos que sirvieron para ponderar las condiciones de trabajo. Este tipo de iniciativas, todavía insuficientes, permiten que  parte de los trabajadores logren comparar su situación con las de otras fábricas en otros lugares del mundo, reclamen sus derechos a sindicalizarse, asociarse y hacer cumplir leyes laborales que en general existen pero no se respetan. 

La gran concentración de la industria textil en manos de pocas empresas hace que los cambios laborales se puedan implementar en menor tiempo, sólo hace falta que apliquen las soluciones para hacer a esta industria sostenible. 

Mientras, son los más jóvenes los interesados en innovar proponiendo nuevos esquemas de trabajo y uso de materiales. En la Argentina, por ejemplo, las iniciativas son variadas. En la Universidad de Buenos Aires, la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU), en 2018, puso en marcha un convenio con la Red Puna que nuclea a tejedoras y artesanos del noroeste argentino. Para que estudiantes de diseño textil y tejedores y artesanos del Noroeste del país compartieran conocimiento. Una iniciativa muy interesante para el intercambio de técnicas y materiales, además de poner en valor aspectos de la cultura que nos diferencia de los centros de moda internacionales. En este link, se muestra un video con información sobre la experiencia. 

Otro ejemplo es el producto de Get Wild. Emprendedoras argentinas que trabajan en la confección de prendas cuya materia prima es el bambú. Usan esta fibra de rápido crecimiento, cultivada sin agrotóxicos para hacer prendas biodegradables, certificadas con sellos internacionales que avalan el compromiso ambiental de sus productos. También Biótico un emprendimiento que trabaja con descartes de plásticos y envases de leche y otros comestibles, y da trabajo a personas con discapacidad intelectual. Es un valioso ejemplo dentro del cambio posible en una industria donde la cadena de valor tan fragmentada hace difícil el cambio.  

El motor está en marcha, hacen falta cambios en las regulaciones de estos emprendimientos, facilitando alguna ventaja de tipo impositiva para que vayan ocupando cada vez más espacio y alienten su multiplicación.

La sustentabilidad no está completa sin la responsabilidad extendida del productor, sobre todo con relación a la sobreproducción y la cantidad de desperdicios que se producen durante el proceso textil. También en relación con la reducción de la pobreza. Si el salario textil no alcanza a poner a trabajador sobre la línea de pobreza, no es posible hablar de un producto sustentable ya que no cubre el aspecto social, tan importante como el ambiental.

Parece desalentador que todavía falten 15 años para que podamos percibir los cambios en la industria de la moda, pero para llegar allí hay que seguir andando con flexibilidad y transparencia dos valores fundamentales a la hora de trabajar por la sustentabilidad de la industria textil.